
Un monumento que representa al xoloitzcuintle erguido y vigilante, protector de la memoria colectiva de Santiago Ixcuintla. Su figura honra no solo el pasado prehispánico de México, sino también el carácter del pueblo santiaguense: trabajador, leal, resistente y profundamente arraigado a su tierra.
El xoloitzcuintle es una de las razas más antiguas del mundo, originaria de Mesoamérica. Su presencia se remonta a más de 3,500 años, apareciendo en cerámicas, esculturas y códices de culturas como los mexicas, mayas, toltecas, zapotecas y teotihuacanos.Su nombre proviene del dios Xólotl, deidad asociada al inframundo, y del término itzcuintli, que significa perro. Para las civilizaciones ancestrales, el xoloitzcuintle no era simplemente un animal:
era guardián, protector y acompañante del ser humano tanto en la vida como en la muerte. Se creía que guiaba las almas a través del río hacia el Mictlán, por eso incluso se enterraban figuras o restos del animal junto a los difuntos. En Nayarit cumplía un papel importante pues su papel de guía, Xo-lotl, como dios canino, conduce al Sol cada noche al inframundo, asociado con el Sol nocturno o Sol del inframundo, es decir, con el recorrido nocturno del Sol por el mundo de los muertos.






